Solitario y en silencio como le corresponde a un alquimista, Luca Massimi enciende diariamente la llama de la historia. Bajo el fresco de la cocina alta (su laboratorio), cada movimiento de muñeca, de medida y de mezcla guarda una íntima acción paralela con su bisabuelo Angelito Massimi, quien llegó por primera vez a la fórmula de esta bebida atribuida a los dioses
Por Lucas Andrín
Angelito Massimi nació en Roma, Italia, y trabajaba como bartender en cruceros. A fines de 1800, en plena navegación por algún mar del mundo, llega a la fórmula definitiva del San Martín. Reside en San Nicolás y en 1917 se hace propietario del Bar Savoi en calle De la Nación 274. Bar conocido por tener una fonola, por ser frecuentado por el caricaturista Plate y por vender una bebida cuya fórmula secreta comenzó a ser parte indisoluble de la historia de los nicoleños:
—En la primera mitad del siglo XX, le llamaban San Martín al vermut que preparaban en cada bar con su contenido en particular.
Años más tarde, Angelito Massimi pasa a ser el titular de la cocina-bar del Bar del Teatro. Las familias de la ciudad, entre picada y sándwich de miga, fueron adoptando el vermut como identidad. De primos a hermanos, de ciudad a ciudad e incluso a extranjeros, los nicoleños presentaron la bebida como parte del folclore de esta orilla ribereña. Además del encantador sabor que componen ocho bebidas, el vermut está atado a un relato que lo transforma en sinónimo de reunión y de encuentro:
—Es una bebida transgeneracional, casi todos los clientes lo atan a un recuerdo. Cuando la gente quiere “quitar el pie del acelerador”, se compra un San Martín.
Entra en los sentidos como un rayo. Ante el primer impacto con las papilas gustativas comienza una danza de sabores, que al moverse por el paladar opera en la mente una conjunción de colores. Como un amague eterno, el sabor seco no llega a asomar entre cierto dulzor, cuando la soda y el hielo hacen brotar el vermut. Como al leer a Pessoa, queda colgando de la lengua una duda que lo hace a uno volver sobre otra medida.
En el año 2015, la gestión municipal remueve a la familia Massimi del Bar del Teatro, lo que fue tomado por un sector de la sociedad como un atentado contra la tradición y la cultura de la ciudad. Los nuevos dueños comenzaron a imitar la bebida, sin llegar a resultados que conformen al cliente, como en otras oportunidades:
—El original tiene un secreto. Mi bisabuelo lo buscó hasta dar con la fórmula: una matriz madre que se prepara aparte y a la que se agrega la mezcla.
Luca encarna la tercera generación de la familia elaborando el elixir, que ha traspasado las fronteras del continente. Chinos, japoneses y europeos se han llevado varias cajas del vermut a su país. Por primera vez en la historia se le suma a la bebida una etiqueta, la cual no está pensada al azar. El veteado de diferentes marrones que sostienen el fondo de la etiqueta convoca a los colores del telón del teatro. Como así el árbol de tilo que cierra en el inferior:
—Para mi generación el universo del relato con la bebida se completa con los tilos que hasta hace unos años bordeaban las veredas del Teatro Municipal.
Como la epopeya del San Martín de carne y hueso, el vermut de los Massimi traspasa las fronteras del tiempo y se hace un lugar en la historia. Si quiere una cita con los dioses, arrobe en Instagram: @sanmartinbebidaok. Luego tome la poción y sienta por un rato lo que siente una deidad, aunque sea el tiempo que dure la botella.